“La dictadura dejó como herencia la desconfianza y, sobre todo, el miedo a la política”. Puede no esté exenta de razones estas apreciaciones añejas que utilizan los políticos, pero el franquismo ya está quedando muy atrás, para las referencias actuales de la juventud que no conocieron sus efectos: La desconfianza actual, nace de la incomunicación que existe entre los políticos y su pueblo; De la falta de lazos que hagan comprensibles las decisiones que toman; Y del empecinamiento de llevar sus políticas partidistas a toda costa, por encima de los demás, sin profundizar o hacer suficientemente extensivos los debates. Los políticos han de saber llegar al pueblo, no cada cuatro años, sino en su quehacer diario, y ver que sus efectos económicos sociales tienen un reflejo palpable.
Otra de las cosas de la singularidad del momento político, es que, el pueblo interpreta que hay demasiada bronca, se arrima continuamente fuego a la hoguera para alimentar las diferencias, más estéticas o de efectos lingüísticos que de resultados prácticos. Procurar no hurgar demasiado en las heridas históricas por muy des razonadas que la encontremos: todos tenemos en nuestro haber, pasados sin gloria que no nos gustaría nos lo refregaran por los ojos. Nuestra historia debe ser nueva y atractiva para todos, limpia, debe contar con amplio consenso; La lucha política debe ir encaminada a solucionar los problemas actuales que se van presentando no a recrearnos figuras pasadas que no deberían mover el molino.

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