¡Habla pueblo, habla!. Pero es que no para, erre que erre lo contesta todo. Todo tiene un pero..., la crítica absoluta no deja resquicio por donde colar un gol, por que en definitiva el poder trata de ganar bazas a la anarquía; El pueblo a no mover un pelo de lo conseguido y seguir ahondando un poco más y más y más. ¿Hacia donde?..., hacia la destrucción de su propio hábitat.
Si no se hace nada y de deja que la buena marcha del cotarro continúe su inercia. El colapso, la angostura y el desorden se irán apoderando de la ciudad y lógicamente las críticas irán ‘in crescendo’. Así que, encuentro incompatibilidad entre la postura del gobierno y la del pueblo, por mucho que se diga que se le defiende y se busca su bienestar. La ciudades creen a contra pelo, contra pronósticos y muy a pesar de la voluntad popular, la tendencia es ir estrujándolo contra si mismo arrebatándole espacio, concentrándolo como éste fuera infinito. Y la crispación aumenta y también la desconfianza de encontrase en el mejor camino o en mejor de los pueblos.
¿Cómo va a ser igual vivir en zonas espaciosas, bien urbanizadas con jardines y piscinas, calles anchas y una vecindad que dispone horizonte personal? –Que aquella otra que convive en el meollo, que comparte angostura y saturación de penurias y lágrimas. ¡Sí, ambos son del mismo pueblo!, pero unos de la parte de arriba y la otra de las catacumbas de los suburbios, de los extrarradios alejados de la mano de dios y de los santos. ¿Y que hace el gobierno? Es más fácil crear policías y mantener el orden por la fuerza y bastante más barato, que planificar las miseria y solucionar los subproducto naturales que se crean en ese caldo de cultivo. Lo normal es no mancharse con aquello que tiene difícil solución, mirar para otra lado, como si hubiera sido el responsable directo de su creación. La ciudad aumenta en dos sentidos: hacia el horizontes la parte joven con futuro, mientras que la vieja y oxidada se va replegando sobre sus propias arrugas.
No sería demasiado descabellado un final a lo Nerón mientras suena la lira, planificar sobre el global de las cenizas purificadoras. Habría que invitar a los gobiernos a una valentía semejante; Salvar al pueblo rescatándolo de la quema, realojándolo en otros espacios donde se pueda nacer junto a las flores, una ciudad donde se pueda se feliz.
¿Y Quién paga? –Eso es otra cuestión—

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