miércoles, 2 de julio de 2008
El tiempos de los autómatas
Retroceder en el tiempo acumulando la experiencia vivida para no seguir envejeciendo es un refugio ¿imposible? al que acudimos con cierta frecuencia. ¡Si yo tuviera veinte años con lo que hoy día sé...! La técnica de los trasplantes puede hacernos realidad el sueño, eliminado el cuerpo viejo, dejando sólo el cerebro, donde reside la memoria y la conciencia de quienes somos. Una conexión perfecta después de ¿sesenta años? volver a revivir en un cuerpo de veinte. Los neurocirujanos se deberán emplear a fondo y hacer el cambio con celeridad, para evitar que la memoria se borre del todo y acabe como un bebe de veinte años con un cerebro madurito.
No anda muy lejos la posibilidad real, si tenemos en cuenta que los cirujanos han sido capaces de trasplantar casi todos los órganos de nuestro cuerpo con éxito, exceptuando la cabeza. El moderno ‘Frankenstein’ nos dejaría boquiabiertos y con demasiadas preguntas morales que hacernos acerca de nosotros mismo, ¿quienes somos en realidad?, si se trata de piezas mecánicas recambiables como si fuese un puzle, la fisiológico cobraría importancia vital quedando como secundario el ego y la parte afectiva –Hasta Dios tendría problemas para situar a su diestra a un autómata de carne y huesos— el alma saldría volando definitivamente hacia el limbo y dejaría claro que el único paraíso o infierno está en la tierra.
Pero voy a ir un poco más lejos, ¿Para que ponerle un cerebro a un organismo de veinte años que lo ha perdido accidentalmente? En su lugar ponemos una máquina que reproduce fielmente todas las funciones orgánicas, fisiológicas, de memoria y personalidad a un cuerpo, para que sea capaz de reproducir las funciones vitales que venimos realizando y como tal, podemos programarla concienzudamente para que realice las tareas dirigidas conveniente. Y siguiendo el mismo sentido ¿Porque no prescindir también de las funciones orgánicas del músculo aquejados de fatigas y sustituirlo por otras máquinas, con un cuerpo perfecto para las tareas que se le asignen? Esto tan disparatado es lo que estamos haciendo con la automatización de los trabajos que realizaba la especie humana: Ningún esfuerzo físico o intelectual, ‘que trabaje la máquina’. Hoy nos sentimos seguros manejándola a nuestro antojo, creyéndonos que no pasará factura la inactividad en la que nos hemos metido de lleno. ¿Pero estamos seguros que es el camino correcto? ¿Debemos seguir cargándonos de servidores mecánicos que realicen todo, mientras quedamos relegados a simples espectadores?.
Nada más lejos de mi propósito que nos liemos de buenas a primera a mamporrazos con ellas (las máquinas), haciendo una carrera hacia atrás en el tiempo; No el la primera vez que los hombres han utilizado su inteligencia para apropiarse de la fuerza y voluntad animales, domesticándolos y poniéndolos a su servicios: la diferencia estribaría en que antes, se trataba de fuerza bruta, mientras que ahora entrarían en juego la inteligencia y acumulación de conocimientos. Imagino un mundo totalmente automatizado en que la máquina cuida a la máquina y la sigue perfeccionando, mientras nosotros nos dedicamos a ‘la dolce far niente’ de por vida. ¿tiene sentido sentirnos parasitarios y dependientes, propensos a la rebelión de quien detenta el verdadero poder de modificar las cosas?. ¿Que sentido tendría planificar el mundo para seis mil millones de criaturas? para la muestra basta un botón.
Buenos, estos son puntos reflexivos que vendrán a medidas que avancemos en la sofisticación y nos adentremos en la artificialidad del conjunto social.
Rafael
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