Las mejores previsiones se han cumplido, el Ebro inunda las riveras y lame las casas aledañas:
¿Terminaremos pagando los Barceloneses los platos rotos de la inundaciones que cauce el río?. Ahora podemos hablar con cierta seguridad, hasta el punto de deberíamos devolverle el barco de agua que le quitamos y hasta el rosario de mi madre –ya no lo necesitamos— El pantano Sau casi tapa el campanario y sigue subiendo, ¿Abrir compuertas?. Se terminó la sequía, hay agua para un año. Los de la ‘Gene’: ¿Mandarán a la papelera el decreto de sequía, o lo conservarán en previsión que pueda ocurrir un accidente y el pantano salte en mil pedazos y el agua se desparrame? ¡Cuidado! Barcelona lleva tiempo alejada de la mirada de los dioses, cualquier cosa puede ocurrir. ¿Pero como es que Madrid quiere parar las obras del mini-trasvase, hay seguridad que cuando empiecen las desaladoras a funcionar dentro de 10 meses, sean lo suficientemente abundantes y potables que se esperaban, o echaremos de menos esas agüillas barrillolorosas de peculiar sabor a cieno del Ter, Llobregat, Besos y otros cauces amigables? –¡Cuidado otra vez!— Démosela primero a los bichos, antes que se produzca un envenenamiento masivo, o se nos hagan pedazo los riñones intentando quitarle las sales residuales.
¡Ah! Por cierto, se ha abierto la veda del arroz barato: “El precio del arroz cae después de que Camboya permita las exportaciones”, ¿Terminarán los regantes del Ebro tragándose el suyo?
La vida se vive más intensamente y se aprecia, cuando estamos en permanente estado de alerta por los acontecimientos y nuestros políticos tienen la virtud de proporcionarnos la inquietud necesaria para que no durmamos tranquilo.
“Siempre hay por quién vivir,
por que luchar, la vida sigue los otros se van...”
miércoles, 28 de mayo de 2008
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
